El mercadito de Tocameroque.

         El mercadito de Tocameroque.


         Hace un tiempo la vida, y en particular la política, la veía como una selva. Inclusive llegué a ponerle su animal correspondiente a cada una de las acciones que realizaban esos animales de dos patas que llamamos seres humanos. Los buitres eran los abogados que acudían rápidamente a sacar tajada de donde hubiera carroña y podredumbre, las hienas, los chacales,los gusanos, etc


        Pero actualmente confieso que la política sería demasiado bien tratada si la comparáramos con animales que, al fin y al cabo, siguen las normas que les dictan sus instintos tal como los moldeó la madre naturaleza.


         Hoy creo que es un mercado de los más clásicos y antiguos porque, al fin y al cabo, nunca hay nada nuevo bajo la luz del sol.


         Les invito pues a dar una vuelta conmigo por este mercado, que podría ser el de su pueblo.


         Hay unos personajes a los cuales no vemos nunca en nuestro mercado. Empecemos pues por ellos.   


         Son los mayoristas. Las grandes fortunas que marcan los caminos del futuro creando necesidades ficticias. Ellos, desde la sombra, te sugerirán que comer,que pensar, te conducirán, con noticias falsas, con mitos, con comedias, que es lo que debes sentir y desear. Tu futuro les tiene sin cuidado, si mañana quieren que adores a los extraterrestres lo harás, si quieren que odies el pan, le tendrás repulsión, cualquier noticia que hable bien del pan, no la verás en los telediarios. Pensar en algunos tipos de personas que actualmente interesa que sean muy bien consideradas y los verás en películas, publicidad, noticias... Ellos sirven el capital y las mercancías a las tiendas que ponen las ideas adquiridas a disposición del público, que les importa una castaña.


          ¡Compra mi mensaje! Mira que varita mágica te ofrezco barata, ven con nosotros, ese de la otra tienda te odia y todo lo que tiene es malísimo, te engañará. Y vemos al señor Sánchez, delante de su tienda pintada de rojo chillón, poniendo sus verduras más vistosas mientras oculta cuidadosamente las que están podridas en el fondo de la caja. A su lado, el señor Iglesias, con su fachada estridente de color morado también intenta vender su mercancía, viejos trajes que han visto ya muchas épocas y que ofrece a precios regalados, según él, y que ha ido “recogiendo” de personas de buen corazón. El bar del señor Casado con su fachada azul cielo, nos intenta atraer con el aroma de sus tortillas de patatas, bocadillos de calamares o unos cafetitos que reconfortan por las mañanas. Nada nuevo, las mismas tortillas, calamares y cafetitos. En la esquina, la carnicería del señor Abascal que, por cierto, no se porqué pintó la fachada de verde. Este no puede ofrecer su mercancía fuera de su tienda y vemos los cristales llenos de mensajes sobre la buena calidad de sus solomillos, entrecots o los pollos que anuncia son de su granja.


         Hay muchos más, pero como ejemplo valen, aunque no dejo de hacer constar la mala racha que tiene este mercado porque algunos puestos no paran de insistir en su deseo de crear otro mercado solo para ellos.


         Y dejamos a estos chamarilero, vendiendo ideas viejas con envases nuevos para pasar a otros personajes de nuestro mercado.


         Mirar en aquella esquina, subido sobre una caja, al charlatán, actualmente desaparecido y sustituido por sofisticada publicidad pero...que no dejan de ser charlatanes.


         Ahora nos encontramos con alguien muy importante. Podéis verlos arrimándose a los grupos que están hablando, se acercan, se paran, ponen la oreja y escuchan. Los más sofisticados llevan un lápiz y una libreta para que no se les olvide nada. Son siniestros personaje que antes lo hacía gratis y ahora están pagados por las tiendas. En este mercado es famoso uno que seguro que os lo cruzareis y es inconfundible porque va en silla de ruedas. Estos personajes no aportan nada más que odio, es muy difícil oír algo bueno o verdadero de sus bocas; son los cotillas. Son personas que le gusta conocer los trapos sucios, los archiva, los clasifica y en su momento los dejará caer en el grupos de compradores de la tienda azul para que desistan y compren en la roja o viceversa. Antes lo hacía de palabra, ahora lo hacen desde un ordenador.


         Pero estas cotillas no podrían llegar a toda la gente del mercado, necesitan a otro personaje que, normalmente por odios, manías o simplemente maldad, se encarga de extender las palabras de su cotilla amigo. No venden nada, no reciben un sueldo, pero pueden ser fanáticos de la tienda morada, o verde, o roja... y necesita que la gente compre lo que ofrecen en esa solamente porque, si no lo hacen es que son tontos incultos o todavía peor, gentuza.


         La próxima vez que vaya al mercado fíjese bien y vera en cada una de las tiendas, en cada persona, en cada acción, a los actores de este otro mercado que les hemos mostrado.

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