Historias del barrio

Mi calle de Jesús

Unos retazos de la España del pueblo desde 1936 a 1957 en la vida diaria de una familia.

 

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    Al sobrepasar el mercado se fijó en el pequeño convento anexo a la Iglesia y le llamó la atención el que sus puertas estuvieran abiertas. Era de monjas de clausura y el no lo había visto nunca abierto con las puertas de par en par. Intentó preguntar a algunos conocidos por tal circunstancia pero todos le contestaron que no habían visto nada, no se habían percatado o sencillamente hacían como que no lo habían oído. Era muy extraño, él era policía y si hubiera pasado algo le deberían haber llamado. Ante la duda decidió preguntarle a su padre. No era este hombre de bar pero quizás él o Josefina hubieran oído algo. Prefirió no seguir preguntando por no comprometer a nadie.

Volvió sobre sus pasos y regresó a casa. La primera que encontró fue a Josefina.

-Josefina, ¿tú sabes algo de las monjas de clausura? He pasado y me he fijado en que el convento estaba abierto.

-Se las han llevado -oyó decir a su padre desde la galería- esta mañana ha llegado un camión del partido comunista y entre risas y disparos al aire las han metido a todas en el camión. Supongo que ya estarán muertas.

-¡Esto no puede ser! -exclamo- No somos más que animales sedientos de sangre. No importa a quién sea ni a quienes sean, lo importante es odiar por ser tú más pobre, mas inculto, más bajo y sobre todo más idiota. El otro tiene la culpa de tu incompetencia. Me voy a por los compañeros. Veremos si llegamos a tiempo.

Bajó las escaleras de tres en tres y se dirigió corriendo al mercado pensando que quizás habría suerte y algunos de sus amigos estarían en el bar Sol.

La suerte le acompañó y cuatro de ellos estaban jugando a las cartas. Salvador, policía como él y tres compañeros anarquistas. Les explicó en un momento la situación y decidieron que hacer.

-Yo pienso -les dijo- que seguramente las habrán llevado a la “checa” más cercana que todos sabemos cuál es. No creo que hayan hecho nada todavía porque normalmente esperan al anochecer. Vamos pues a ver si podemos enmendar estas atrocidades crueles que nos están manchando a todos de sangre en una guerra ya de por si cruel.

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